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miércoles, 21 de enero de 2015

Salva Rodriguez

Hace unos pocos años que conocí a Salva a través de su blog de viaje. Leí los dos libros que ha escrito, Un viaje de cuento; África y Un viaje de cuento, Asia, los que guardo y releo frecuentemente y seguí su recorrido de Alaska a Ushuaía, acompañando cada golpe de pedal. 
Su viaje, que comenzó en enero de 2006, tenía la etapa final en Europa, llegando a Cabo Norte en pleno invierno y cruzando luego en dirección sur (como le gusta viajar a Salva) para finalizar en Granada, desde donde partiera.
Alguna vez he comentado, que el mayor viaje de Salva era interior. Leyendo África, ya se vislumbra una transformación en la forma de comprender la vida, que se va afirmando a medida que los paisajes y LAS GENTES inundan los días de descubrimiento permanente. 
Salva sabe que es posible vivir con poco, porque lo vio en prácticamente todo el mundo y fundamentalmente porque lo VIVIÓ. 
Las experiencias que lo llevaron a la plenitud de ser, no se pueden comprar. Es más; el dinero le hubiera impedido acceder a ellas.
Salva recibió cobijo, alimento y afecto de las gentes que menos tienen y siempre fue con alegría y naturalidad. El Salva que regresó a Europa, indudablemente  no el que partiera en 2006, pero Europa sí es la misma y pareciera que el desarrollo económico desliga al hombre de la naturaleza y del espíritu solidario. Leer las crónicas de los pocos días que pasó en el continente en que nació, muestran su desazón y hasta rechazo...  

"De hecho, habrá algún día que me entran ganas de mirar las noticias para cerciorarme de que no ha ocurrido una pandemia y estoy solo… Europa."

"Silencios hay muchos, como soledades, y aquí es el silencio de la incomunicación, un silencio de manos tapando las bocas."

"Un ciclista solitario no puede dar la vuelta al mundo hablando con los árboles, necesita de la gente, de su humanidad, su sonrisa, su amistad... Y aquí, en Europa, no hay nada de eso, sólo hay euros..."
Con gran coraje, o sin nada de falso orgullo, Salva ha desistido de concluir su viaje en bici alrededor del mundo y regresa a México, donde además lo espera el amor.. lo que no es poco y lo dice así:

"A México, de regreso a mi lugar... Tras 9 años viajando, ni el confort ni la riqueza de Europa me interesan. Prefiero estar donde a la gente le importa la gente, donde hay afecto y sonrisas aunque el agua del grifo tenga amebas. Mi galeón se queda en Kaunas, con mi buen amigo Paulius. En la playa de Barcino..."
Quería darle un abrazo, tenerlo de huésped en casa, compartir algún vino y relatos, que me dedicara los libros.... pero me gusta más que sea un tipo que sabe lo que quiere y lo hace

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