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sábado, 7 de mayo de 2016

¡ puta que vale la pena estar vivo!

Hace 35 años conocí a Eugenio (Hermes, El Negro, El Gallego, Señor Pérez).
Fue en el lago Meliquina, en la cordillera de Neuquén.
Mis hijos eran muy pequeños y estábamos solos en la cabecera del lago. Llegó con su familia y compartimos varios días.
Charla, pesca, aperitivos y hasta radio. El me contagió la afición a las truchas (me duró poco) y yo a él, la afición a la radio.
Poco más de 600 kms., separaban nuestros domicilios, pero la relación continuó y se consolidó como una amistad férrea.
Con los años, ambos terminamos viviendo en Bariloche y la cercanía a la montaña y los grandes lagos, nos consagró como expertos caminadores de cerros y navegantes solitarios.
Hay que reconocer que antes de Bariloche, tuvimos muchas salidas de las que podemos presumir. Ascendimos al volcán Lanín, navegamos la totalidad del río Colorado, desde la cordillera de los Andes al Atlántico. Circunvalamos el lago Nahuel Huapi en un Zodiac (360 kms) y cada vez que con mi camión tenía un viaje de gran distancia, era cuestión de llamar al Gallego y ahí estaba él con su bolso de viaje (Cataratas de Iguazú, Ushuaia, Formosa).
Nuestros caracteres son sanguíneos (por decirlo liviano) y durante años nos trenzamos en acaloradas discusiones, por temas que no justificaban tanta vehemencia. Más tarde nos apaciguamos y establecimos normas no convenidas explícitamente, pero aceptadas por ambos, que nos permitieron charlar sin tensiones.
Nuestras salidas a la montaña, de al menos un par de días, tenían como corolario a la charla de caminata, una conversación al final de la jornada, sentados frente a un fuego y con una botella de vino, que se bebía lentamente, mientras desgranábamos nuestras opiniones sobre temas del cielo y de la tierra.
Podemos disentir, y lo expresamos. Conocemos de que pata renguea cada uno y así nos aceptamos.
En muchas situaciones, nos basta mirarnos para saber que estamos pensando.
No creo que exista una forma más completa de amistad.
Todo lo que tenga que ver con las economías personales, está fuera de libreto. Salvo que hubiera que echar una mano.
Si bien nuestras esposas e hijos se conocen y también han compartido la relación, nuestra amistad es única y exclusivamente nuestra...
Hemos vivido mucha VIDA juntos. De la Vida que importa. De la de dar todo lo que uno es. De la reír con ganas. De la sentirse pequeño en la noche llena de estrellas de la montaña. De la de saberse acompañado sin límites. De emocionarse hasta las lágrimas con la misma canción, los mismos versos, los mismos ideales. La de comprobar que, como decía Atahualpa Yupanqui, un Amigo es uno mismo en otra piel.
Mi radicación en España, no cortó la amistad, pero en estos quince años no volvió a haber salidas juntos y necesitaba recuperar esos momentos inefables. Como antes (como siempre) solo hizo falta invitarlo, "Gallego, nos hacemos una aventurita juntos?".
Y si,  señores y señoras,. Otra vez las dos calvas se juntaron. Con más años y más achaques, sin tanta enjundia para discutir, ni energía para caminar, pero con la misma pasión por la vida. Volvimos a discutir (poquito, poquito) y a emocionarnos. No hubo montañas, ríos helados ni lagos inmensos. Fueron rutas y ciudades de Europa las que recibieron la luz de la amistad. Pueden ver en las fotos que hay un brillo particular.
Gracias Viejo Pérez!!!!
 
 Durante 30 días, este fue nuestro hogar. Casi 6.600 kms., rodó Paquita Derma por Europa.
 Nuestra primer escala fue Burdeos. Hermosa ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
 El segundo destino turístico de Francia, detrás de París, es el Mont Saint Michel, con su abadía... ahí llegamos... y el último tramo en bicicleta.
 Las playas de Normandía y sus emblemáticos e históricos sitios del Día D, también fueron recorridos por estos especímenes, que eran niños o recién nacidos al finalizar la 2º Guerra Mundial.
 Un pequeño pueblo de pescadores, llamado Honfleur, en la desembocadura del Sena, nos enseñó sus antiguas callejuelas, sus edificios y los muelles, ahora mayoritariamente ocupados por embarcaciones deportivas.
 Una esquina de Honfleur, junto al muelle
 No tiene la fama de París, ni de otras grandes ciudades de Francia, pero Honfleur bien merece una visita.
 Otro magnífico pueblo, perfectamente conservado y que no sufrió daños durante la guerra, es Lyon la Foret. Se encuentra en el camino de Honfleur a París.
 París y su torre. Es mi tercera visita y me sigue entusiasmando. Allí subimos con el Señor Pérez.

No estoy seguro de quien tiene más historia, el Arco de Triunfo o el Duo Calvetes....
Desde el bus turístico fotografiamos la famosa pirámide del Museo del Louvre
 Otra pequeña y hermosa ciudad es Brujas, en Bélgica. Se pueden pasar muchas horas perdido en sus callejuelas. El clima nos acompañó y es uno de los lugares que nos dejó buen sabor de boca.
 El cielo gris de Roterdam, en Holanda, hacía juego con el color de sus modernos edificios. Llovizna y hasta granizo intentaron detenernos... bueno, lo consiguieron a medias.
 Este edificio es la estación central de Amsterdam, la capital de Holanda. Sabíamos de sus canales y de la vida que se desarrolla en el agua, lo que no sabíamos era que había tanto porro libre y que hay cafés que se dedican solo a este negocio y que al vernos entrar no nos dejaban ni sentar... "only smoking...", como si nosotros hubiéramos nacido viejos.
 ¿que llama la atención en esta foto?... el canal.??, las lanchas ??... NOOO... la media sonrisa del Gallego.. había que decirle que estaba todo pago para que mostrara los dientes.
 Por curiosidad tomamos un curso acelerado de "selffies"... y nos hicimos este en la Puerta de Brandemburgo, Berlín. Yo soy el que no lleva peluca.
Praga es una pequeña y mágica ciudad. llovió de a ratos, pero pudimos caminarla durante algunas pocas horas. Aquí estamos en el Puente de Carlos, lugar de cita obligada de todos los turístas.
 El objetivo y motor de este viaje fue LA AMISTAD. Aquí con un gran amigo, Toni, de Baviera, que junto a Siegi nos recibió con tremenda generosidad.
 Y bueno... habíamos cenado, bebido y nos dijeron que estábamos invitados. Era para estar contentos.
 Nuestro viaje incluyó la estación del Radio Club de la región donde viven Toni, Siegi, Ulrich y Rudy.
 Ulrich, primero por la derecha, se dedica junto a su mujer Irina, a la producción de semillas y plantines de tomate. Tiene más de 1200 especies diferentes de semillas de tomate. Este año ha puesto en el mercado 150 de ellas. Nos sorprendió con sus instalaciones y con un almuerzo típico de Baviera. Salchichas, cerveza, panes, y postre..... no pudimos despreciarlo.
 Esta es la mesa en casa de Ulrich. De izquierda a derecha; el dueño de casa, yo, Hermes, Toni e Irina. Detrás de la cámara, como siempre, Siegui
 Otra perla, también Patrimonio de la Humanidad, es la pequeña Salzburgo, en Austria. Esta es una vista tomada desde lo alto de su fortaleza.
 Entre otras cosas, el médico nos dijo que debiamos descansar durante las caminatas e hidratarnos convenientemente. Eso estamos haciendo en nuestro recorrido por Viena. (para que vea el doctor...)
 Hanne y Mauro, viven a escasos kilómetros de Viena y nos abrieron las puertas de su casa, nos ofrecieron un paseo guiado y nos abrumaron con su afecto y generosidad.
 ¿Que tal? El susodicho Hermes, pateando las calles de Venecia.
 Nos perdimos por sus calles y canales, mientras buscábamos la archi famosa Plaza de San Marcos
 Pérez contemplaba las aguas buscando indicios de alguna trucha....
Finalmente y muy satisfechos, concluimos nuestro viaje en Hostal de Ipies. Nos encerramos en el obrador y empezamos a cocinar otra aventura. ¿quien te dice?... la dejamos a fuego lento. 
¡Puta que vale la pena estar vivo!

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