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sábado, 12 de octubre de 2013

REFLEXIÓN



Hay momentos que buscas el retiro, el refugio de la cueva, el silencio en la mente, la paz en el entorno.
No más luchas que me hacen perder tiempo que puedo usar para admirar la belleza del Mundo.
No más luchas que endurecen mi corazón, llenan mi camino de obstáculos y echan a perder un futuro digno y feliz. 
Necesito todo mi tiempo para poder amar en todos los instantes a mi mujer, a la persona que ha apostado por mi, que renuncia a cosas por mi, que está por mi.

Si el Mundo quiere destruirse lo acabará haciendo.
Si la gente prefiere la oscuridad y la ignorancia en lugar de la luz del conocimiento. 
La seguridad de la esclavitud a la incertidumbre de la libertad.
Quien va a impedir que los deseos de la mayoría se hagan realidad?

Si las nuevas generaciones apuestan por la apatía, la auto-complacencia y el egoísmo.
Si priorizan la pereza y el hedonismo aunque pierdan familia, casa y comida.
Si su forma de diversión es bloquear sus sentidos, que son las herramientas para entender y evolucionar. Si encuentran placer subiendo el volumen de algo que llaman música para no oír, ni escuchar, ni escucharse... si buscan las aglomeraciones para no moverse, porque están más a gusto en el rebaño que en la libertad del cielo y horizonte abierto. Si fuman sin parar para no oler y perder la fuente de información que nos conecta con la naturaleza. Si buscan en sustancia químicas sensaciones, porque desprecian lo que les puede ofrecer su cuerpo y el Mundo entero. Si prefieren la noche al día.
Quien va a luchar por ellos?

JEH 






Viaje Argentina - EEUU. Etapa Ecuador

Una nueva entrada con el relato de Eugenio de su Raid. Ida y vuelta Buenos Aires - Detroit en un Ford A. Para quienes recién llegan, esto fue hace 50 años. Vamos al relato:

De Lima al norte - Ecuador
Mi amigo Raúl, “El Pampa”, elogia frecuentemente mi memoria, pero yo tengo muchas dudas al respecto, pues en estos días que estoy repasando el viaje, me aparecen parcialmente muchas personas o hechos que no puedo terminar de recordar con claridad. Obviamente la imaginación, me ofrece como canto de sirenas, un montón de salidas, de las que dudo y que ningún lector merece. Es por esto que la síntesis del relato está condicionada a lo que puedo recordar con certeza después de estos cincuenta años.
Cuando salimos de Lima hacia el norte, sentí una sensación de alivio. Atrás había quedado un compañero de la primera hora y amigo de la infancia, pero la relación se cortó. Aunque tuvimos un trato cordial a nuestro regreso, nunca más compartimos nada. Ni siquiera preguntó cómo había sido nuestro derrotero, después que el volviera a Argentina.
Pero a partir de entonces, había un relanzamiento del raid. Estábamos decididos a adelantar lo más que nos fuera posible. El equipamiento, ahora reducido solo a lo indispensable,  además de dos viajeros menos, aumentaba el rendimiento nuestro y del auto.
El clima de Lima al norte es estupendo y la ruta, siempre cerca del mar, nos ofrecía continuos altos para disfrutar de la gran cantidad de playas. Algunas con médanos de arena muy fina.
Trujillo y Chiclayo quedaron atrás. De Chiclayo recuerdo el desagradable olor a la harina de pescado de las factorías, que te seguía por largo rato después de haber dejado la ciudad. Llegamos a Piura al finalizar el segundo día de la salida de Lima. Allí nos alojamos en el “hotel” de siempre; los bomberos locales. Fue entonces que  con gran disgusto notamos que nos habíamos olvidado en Lima, una caja de herramientas indispensable para la continuidad del viaje. Los bomberos de Piura gestionaron el envió de la caja desde Lima, y nos quedamos en la ciudad hasta los primeros días del año nuevo (1963).
La iglesia de Piura, frente a la cual fotografiamos el coche, cosa que mostramos en entradas anteriores,  tiene una estructura totalmente en hierro,  diseñada y construida en Francia por el ingeniero Eiffel. Este tipo de edificios fue frecuente en los primeros años del siglo pasado, reiterándose en otros países de América e incluso Europa.
Celebrando el año nuevo, a las 2 de la mañana, recibimos con sorpresa un llamado telefónico; eran los bomberos de Lima que nos querían saludar!!
Un par de días después,  ya en la frontera de Ecuador, encontramos el cartel de entrada decía; “Ecuador país amazónico”,  introduciendo al viajero en  las eternas disputas de todos los pueblos americanos. Todos sin excepción, tiene algún conflicto con el vecino. Creo que la mayoría son implantados, no sea cosa que nos entendamos, levantemos la cabeza y podamos enfocar al verdadero enemigo.
En lo económico, Perú nos trato muy bien. Entramos con unos 700 soles y al salir por su frontera norte, después de más de treinta días de estadía, contábamos con 1300 soles y lo que habíamos vivido.
El miedo por la documentación del auto se disipó rápidamente, ya que al notar que los empleados  de las aduanas, tenían dificultades para llenar los formularios de “autos en
tránsito”, ofrecíamos nuestra ayuda, repitiendo las soluciones encontradas en las fronteras anteriores y haciéndonos cargo del llenado de la papelería.
Empezamos  a escuchar comentarios, sobre otros raidistas que no habían podido conseguir visa de USA y al quedar varados se les agotaban las posibilidades, cosa que los obligaba  a regresar. Por eso, de ahí en más, conseguir la visa de USA comenzó a ser un nuevo objetivo prioritario y comenzamos a acopiar información. Todo obedecía a un mismo patrón; las embajadas decían siempre y muy amablemente sí a todo, pero luego la policía de tu país era la que no mandaba el informe de antecedentes. Cualquiera que estuviera un poco informado en esos días, sabía que USA no pedía informe más que a sus propias embajadas.
Una ruta “estratégica” recorría los primeros kms., del Ecuador,  plagada de baches y zanjas, construidos por los militares, para dificultar una posible invasión!! Aunque paradójicamente,  en ese momento había un gobierno civil en Ecuador.
Tampoco pudimos seguir la ruta natural por Loja, ya que en épocas de lluvia el lodazal imposibilitaba su tránsito. Tuvimos que dirigirnos al puerto de Machala (el mayor exportador de bananas del mundo en ese momento), para embarcar en un ferri que tras seis horas de navegación por la bahía de Guayaquil , nos dejó en esa ciudad en la madrugada.
En la escala social, los “changarines” o peones de los puertos ocupan una de las más bajas. En la motonave “Colón” que nos llevó a Guayaquil , tuvimos la oportunidad de vivir la experiencia de tratarlos y hacer amigos en tiempo record, en el puerto de embarque (Machala, foto con muchas bananas),  y esto nos resolvió los problemas al embarcar, pero durante el viaje y en el desembarco tuvimos jaleo y del bueno. En la travesía recuerdo a un muchachito de unos 11 años, sentado en un rincón, acurrucado y con los brazos rodeando sus rodillas. Nosotros habíamos alquilado unas hamacas  para descansar en cubierta por la noche y al ver al “pibe”, le pregunté si iba a dormir ahí sentado, me contestó; “si señor, tengo miedo que me roben las zapatillas”. Lo rodeamos con muestras hamacas, y lo invitamos a dormir entre nosotros. Así se durmió y cuando empezaba a amanecer, con el puerto de Guayaquil a la vista, lo despertamos… su primera actitud fue la de buscarse los pies y comprobar que tenía las zapatillas. Eso no se me olvidó nunca.
Ya en puerto, comenzaba la batalla por el desembarco. Las planchas para poder subir el auto al pontón habían desaparecido. Hubo de todo y nos salió bastante  bien, pues  algunos aliados espontáneos emparejaban las disputas. La marea baja y la falta de espacio para que el coche tomara velocidad, hacían casi nulas las posibilidad de desembarcar sin ayuda y esto implicaba el pago de un “peaje”. De todas maneras intentamos salir por las nuestras, pero el Ford quedó plantado en el medio de la planchada… Las muchas voces de protesta crecían y el ambiente se ponía pesado ..  es hasta un pedo  hubiera sido un soplo de aire fresco. Solo con mirarnos acordamos “hacer la pata ancha” y no ceder al chantaje. El Tano, un todoterreno silencioso, se planto frente a quienes ocupaban el barco y gritó; “o ayudan o aquí no baja nadie” . Algunos rezongando y otros alegremente, comenzaron a empujar el auto hasta subirlo al muelle.  Superado el altercado y en tierra firme, nos reímos largo rato celebrando el triunfo, fruto de un tácito acuerdo sellado con la mirada.
En una foto ya publicada, aparecemos en Guayaquil vendiendo rifas de una Villa, que se sorteaba en esos días. Además, llevábamos alguna propaganda. Mi hermano Fernando de chofer, el Tano de payaso junto a otro vendedor, y yo de lenguaraz con
un megáfono, ofreciendo el producto. Los mercados de los suburbios de Guayaquil, también nos dejaron muchas anécdotas risueñas y otras no tanto, que irán en capítulo aparte.
En Guayaquil se vive con una camisa todo el año, ya que está en la costa y casi en el ecuador, pero en Quito, ubicada a gran altura, pasamos frio. Pero como pasábamos del frio al calor, también pasábamos de la mala a la buena suerte. Al norte de Quito se encuentra la ciudad de Ibarra, a la que llegamos con el auto necesitando de un buen servicio. En busca de eso andábamos, cuando nos encuentra el secretario del gobernador y ahí la cosa dio un giro. Rápidamente nos comunicamos con él, pero el hombre tenía la agenda cargada esa mañana, así que ordenó a su secretario que los talleres del municipio se ocuparan del Ford y a nosotros nos hicieran conocer la ciudad en un imponente Chevrolet Impala. Esto finalizó a la hora del almuerzo, cuando nos depositaron en un lujoso restaurante donde el gobernador nos esperaba para charlar de nuestra aventura y agasajarnos. A nuestro regreso, volvimos fuimos en busca de nuestro “amigo”, pero un golpe de estado, había derrocado al gobierno y nuestro mecenas ya no estaba en su puesto.

Déjenme tomar una cerveza y seguimos con Colombia… ya vuelvo.

martes, 8 de octubre de 2013

Más fotos del Raid de Eugenio

Aquí tenemos más fotos del raid en coche, que hace 50 años hiciera mi amigo Hermes Eugenio Pérez con su hermano Fernando y El Tano, un amigo. En el inicio también participó Jópele, pero desde Lima regresó a Argentina. Ellos completaron la distancia hasta Detroit y regresaron a Argentina en el mismo vehículo.
Es interesante observar las fotos y sus detalles. Cada una cuenta algo sobre el viaje.
 Aquí están cruzando el lago de Managua, en Nicaragua
 Ya contará Eugenio de que se trató esto. Con el megáfono Eugenio, el Tano con nariz de payaso y Fernando al volante.
 De colchonetas aislantes y demás modernidades nada.......
Fernando en primer plano a la izquierda, el Tano comiendo una banana y arriba sosteniendo un cacho y con gafas negras Eugenio. (ojo, los hermanos Pérez son gemelos y puedo estar cambiándolos de sitio... sorry)

sábado, 5 de octubre de 2013

Bici viajero con solera




 El 1º de enero de 1950, este joven emprendió un viaje en bicicleta con motor, desde Buenos Aires a San Francisco, provincia de Córdoba, Argentina. Se llamaba Ernesto Guevara de la Serna, pero el Mundo lo reconoce como "EL CHE"

martes, 1 de octubre de 2013

El Ford A en Costa Rica

Copia del viejo album, en el que Eugenio conserva sus recuerdos del Raid

El Ford A de Eugenio

Después de unas vacaciones en la playa, retomo el relato del viaje que hace 50 años, hiciera Eugenio, su hermano Fernando y el Tano, desde Buenos Aires a Detroit ida y vuelta. Ayer se cumplieron exactamente los 50 años del fin de esa aventura.
Lógicamente los protagonistas son quienes nos van narrando los detalles de esa historia a través de Eugenio y su prodigiosa memoria, pero hay un elemento fundamental en el viaje y es el coche. Ese auto que en el momento de la partida, ya contaba con treinta años de existencia. Le pedí a Eugenio que me escribiera sobre eso y esto es lo que recibí:

El Ford modelo A
Este automóvil, reemplazó al mundialmente famoso Ford T.
Fue construido entre los años 1929/30/31 y se presentó con una gran cantidad de innovaciones técnicas, a las que acompañaba una gran variedad de modelos. Estaba equipado con un motor de cuatro cilindros en línea, de poco más de tres litros de cilindrada, que generaba una potencia de 40 HP y una velocidad máxima de 100 Kmh. También incorporaba, como uno de los grandes adelantos de la época, una caja de velocidades de tres marchas, no sincronizadas. Contaba además, con motor de arranque (burro) sin dejar de lado la clásica manija con la que se arrancaban los modelos anteriores. Por último disponía de una caja pedalera, tal como las que usamos en la actualidad; embrague, freno y acelerador.
A nuestro autito le habían adaptado frenos hidráulicos, reemplazando los originales de varilla.
Los autos que llegaron a Argentina, antes de la Segunda Guerra Mundial, venían equipados con el volante del lado derecho,  ya que se conducía por el lado izquierdo de la carretera, norma que cambio en nuestro país en 1945.
Algunas de las partes del coche, demostraron ser indestructibles. Como la  caja de velocidad, el cardan y palieres. Otras sufrieron el mal trato que le impusimos en tan duros caminos.
La caja de velocidades, no era sincronizada, por lo que había que hacer los cambios  con “rebaje”. Esto es; desenganchar la marcha en uso, acelerar en vacio y cuando el oído te decía que el motor había alcanzado el mismo régimen de giro que la caja, se embragaba nuevamente y se metía el cambio con suavidad. Esta maniobra no podía durar más de 2 o3 segundos,  y en la montaña, con sus curvas, contra curvas y trepadas, no podías permitir que el auto se “duerma”.
Muchas veces, en los caminos de ripio, las piedras nos cortaban los neumáticos o los caños de frenos. Cuando se presentaba este último problema, mi hermano como mecánico, anulaba la rueda que tenía el circuito dañado si se trataba de una trasera, ya que con el freno de las dos delanteras era suficiente. Pero si las anuladas eran las ruedas delanteras, las traseras detenían muy poco al auto, y ahí aparecía el duro trato al que sometíamos al Ford. Bloqueando con el freno las ruedas traseras, el auto tendía a “colear”, pero en un par de segundos y con las ruedas bloqueadas, le metíamos la marcha atrás, desembragando y acelerando para evitar que el motor se detuviera. Así el auto, con las ruedas motrices  girando en sentido inverso se detenía. Los palieres y el embrague eran las víctimas. El embrague claudicó en Colombia y ya les contaré como fue su reparación, donde una vez más aparece la tremenda solidaridad de la gente.
De los mayores daños sufridos,  recuerdo que fundimos una biela en Costa Rica. Estábamos procurando llegar a Peñas Blancas, en la frontera, antes del horario de cierre, pues había que pagar aranceles fuera del horario convencional, por lo que forzamos la marcha más allá de las posibilidades de nuestra maquina. El clásico golpeteo que se produce cuando el “metal blanco” de una biela se arrastra, obliga a cortar el motor para evitar daños en el cigüeñal y eso hicimos, pero quedamos varados en medio de la nada. Pasamos la noche y a primera hora del día siguiente, mi hermano Fernando quito el cárter para quitar la biela fundida y comprobar que el cigüeñal no había sufrido daño alguno. Con todas las piezas a reparar, hicimos dedo en la ruta y regresamos a la ciudad de Liberia. Fui acompañando a Fernando mientras el Tano quedo  al cuidando del equipo.
Los bomberos, fueron como siempre durante nuestro viaje, los que resolvieron el problema. Nos llevaron al rescate del Tano y nuestra máquina, nos alojaron en el cuartel y ayudaron en la reparación del motor para que un par de días más tarde continuáramos  camino al norte.
En el Salvador, nos apareció agua en el cárter. La tapa de cilindros se había rajado. En Centro América no quedaban ya esos modelos de automóvil  y caminé esa ciudad y sus suburbios durante una semana, hasta encontrar en un gallinero, la tapa de cilindros para el Ford A.
En los autos modernos, una correa dentada conecta el cigüeñal con el árbol de levas y este a su vez, armoniza el funcionamiento de las válvulas en todo motor de cuatro tiempos. Aquellos viejos coches traían un engranaje que cumplía esa función. Cuando por primera vez rompimos unos dientes de este engranaje, descubrir el problema nos llevó varios días. Unos meses después y ya en viaje de regreso se rompió nuevamente , pero esta vez hacíamos apuestas de cuantos dientes había perdido, antes de que se detenga por completo y por supuesto ya viajábamos con el repuesto.

El rodado original es de 19 pulgadas. Salimos con 6 neumáticos usados y consumimos 7 en todo el viaje. Los neumáticos originales no se conseguían, pero afortunadamente, las mazas de Ford eran de cinco tuercas y compatibles con otras medidas de rodado y llanta.

Bueno... busquen fotos de este modelo de coche y luego me dirán si fue o no una verdadera hazaña la realización de este viaje.
En unos días seguimos rodando por Sudamérica.