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miércoles, 22 de enero de 2014

El Tata Natividad

Natividad partió con rumbo al sur.
Dejó atrás los campos de la reducción donde se había criado y le habían impuesto un nombre ajeno a su raza y a su historia; Natividad de Jesús Suárez. Extraño apelativo para un abipón, al que imagino cobrizo, de abundante y negro cabello, mentón poderoso, nariz quebrada y profundos ojos negros. No muy alto ni robusto.
Buscando el duro trabajo de las cosechas abandonó Sumampa, para no regresar.
Primero una Córdoba de serranías. Luego las llanuras del trigo y el maíz, para arribar en un tren carguero, al arenoso oeste de Buenos Aires, donde mezcló su oscura piel con la blancura de la francesa Rita.
Las hijas no lo detuvieron y en el sur de Santa Fe, llegó el varón que continuaría su apellido y el tifus, que frenaría su permanente rodar.
Es el abuelo del que casi ni se habló. Alguna mención a su hermano domador y la sugerencia de haber sido gente un tanto al margen. Es poco para un hombre.
Lo busco desde hace un tiempo, y me parece encontrarlo en la tez oscura de mi primo Oscar. O de mi hijo Martín.
Sé que está y también me busca. Necesitamos recuperarnos sin habernos conocido.
Su sangre en mi sangre pide camino. Cruzar tierras nuevas, con otras gentes.

Pero este viaje tiene destino final en Sumampa, para que vuelva conmigo a su tierra el Tata Natividad.
Kzatá y Nowet me ayudarán en la empresa.

lunes, 20 de enero de 2014

Uruguay, Brasil, Paraguay y Argentina en bici

Finalmente, estoy a escasos días de iniciar mi nuevo viaje en bici. Desde luego y a pesar de haber estado varios meses preparándolo,  quedan cosas referidas al viaje mismo o al trabajo que se agolpan y necesitan resolución. Ya he dicho que el viaje empieza cuando nace en nuestra imaginación y lo armamos sobre mapas y datos de las zonas a visitar. Estos últimos días modifiqué la ruta en Brasil y me llegaré a la ciudad de Canela y Gramado, cercana a Porto Alegre, con unas serranías de poco más de 800 metros de altitud, pero que presentan una exuberante vegetación. Luego viajé al oeste para empalmar con lo anteriormente previsto y visitar las Cataratas del Iguazú. Ya en Paraguay rodaré hasta Asunción y entraré a Argentina por su frontera norte. En mi tierra natal cruzaré las provincias de Formosa, Chaco y Santiago del Estero. Luego en autobús llegaré a La Pampa.
La densidad de población hará fácil acceder a Internet y mantener actualizado el blog. También he abierto una cuenta en Facebook (elpampaenbici) y un correo para que quienes lo deseen puedan escribirme; elpampaenbici@gmail.com

 La "máquina del tiempo" equipada con las nuevas alforjas delanteras. Estimo que llevaré una carga de 15/17 kg.
 Debo agradecer la paciencia y colaboración de mi esposa (Eva) e hija (Carina), que permiten mis ausencias laborales. A cambio de publicidad, como es obvio....
El pasado viernes hice mi última salida a pesar del frío. Quería comprobar la conducción con la carga delantera y fue todo normal.

domingo, 19 de enero de 2014

Un viaje de cuento - Asia

Hace varios día recibí el último libro de ciclo viajero Salva Rodriguez. Desde enero del año 2006, este granadino está recorriendo el mundo en bicicleta y ha publicado dos libros narrando sus experiencias. El primero, Un viaje de cuento- África y ahora el dedicado a su recorrido por Asia. Su prosa es ágil y atrapante, como de por sí lo es participar a través de su relato de un viaje por tierras remotas, mágicas.
Salva ha experimentado un cambio interior que se va dejando ver en cada uno de sus relatos. Es ahora (perdón por la impertinencia) un ser humano mucho más tolerante y sabio, en relación a quien comenzó el viaje hace ya ocho años. No asume de ningún modo un papel de "héroe". Esta es solamente su historia y la comparte. 
Mi inicio como ciclo viajero, muy lejos por cierto del fuste de quien nos ocupa, es fruto de haber leído "Zaragoza - Pekin, 12888 km en bici" y conocido a su protagonista, Diego Ballesteros. Después de mi primer viaje, conocí el blog de Salva ( http://unviajedecuento.weebly.com/ ) y es el combustible de mis sueños y realizaciones.
"El hombre es lo que piensa", y su pensamiento lo empuja descubrir el planeta y sus gentes, que a su vez influyen en la modificación de sus conceptos y expanden su conciencia. Salva Rodriguez nos abre una ventana a su viaje y nos deja tocar y sentir una vivencia de altísimo voltaje.
Recomiendo su lectura. Lo pueden adquirir en España de varias maneras y encontraran información en el blog del autor.


miércoles, 15 de enero de 2014

Karate

Ayer, limpiando cajones y tirando cosas que se van acumulando y no tienen ningún sentido, encontré viejas fotos de mis años en el karate. Son unas pocas de las muchas que quedaron en Argentina.

Aproximadamente en 1964, me inicié en el yudo y por comentarios del profesor, supe de la existencia de un arte marcial llamado karate. Los comentarios y "demostraciones" que nos hizo el Sensei de yudo, me empujaron a inscribirme en los cursos que dictaba en Buenos Aires Hideo Tsuchiya, 5º Dan. El Instituto Argentino de Yudo fue el lugar donde tres veces por semana, junto a decenas de compañeros, me fui adentrando en esta disciplina. 
Un participante famoso era el escritor Dalmiro Saenz, que ayudó mucho a la difusión del karate, publicando varios artículos en la revista Adán, destinada al público masculino.
De ese grupo de compañeros guardo un especial recuerdo para con Ricardo Kawakami, un "nisei" (hijo de japoneses) de mi misma edad, con quien obtuvimos juntos el primer cinturón. (amarillo).


En 1966 fui incorporado al Ejército a cumplir con el servicio militar obligatorio y debí dejar las prácticas. Al terminar ese año de "alpedismo" (para los no argentinos; estar al pedo - sin hacer nada), un  conocido me comentó de la llegada de un okinawense procedente de Brasil, que estaba enseñando en el club Huracan, en Parque de los Patricios. 
Se trataba de Satoshi Takemura, un hombre muy callado y hasta tímido con un sorprendente conocimiento técnico del karate. 

El origen de esta forma de combate está en el archipiélago de Okinawa, que por su proximidad mantenía un fluido comercio e intercambio con China, de la que adoptó en kung fu (kempo en japonés) y lo adaptó y modificó, sumándole algunos elementos de una forma de pugilato existente en las islas (Okinawa-te). La palabra karate significa mano vacía (kara = vacío / te = mano). 
Los hombres de los puertos y zonas costeras, de una complexión física más robusta, implementaron técnicas de defensa con presas o agarres y de movimientos más lentos (goyuryu) y los del interior, ligeros de peso y con menor masa, suplían esto empleando mayor velocidad (shorinryu - shorin es el modo japonés de Shaolín).

Volvemos al Maestro Takemura. Nacido en cercanías de Naha, había aprendido el sistema Goyu-ryu y emigrado a Brasil se incorporó al Doyo del Maestro Yoshihide Sinzato de la escuela Shorin-ryu e incorporó este nuevo estilo a sus conocimientos. 
El hecho de haber sido durante dos meses su único alumno, me permitió mantener una relación más fluida, incluyendo a su familia. En 1967 (si no me falla la memoria), contacté con las autoridades del Club Unidos de Pompeya y logramos la cesión de un salón de amplias dimensiones y que la institución se hiciera cargo de la construcción de un tatami (suelo o piso especial). Esto, incluido a la difusión que se hizo de la escuela, provocó un crecimiento importante, llegando a contarse unos cincuenta practicantes en cada clase.

Los dos primeros cinturones negros graduados en la escuela, que adoptó el nombre de Butoku Kan, fuimos Susumu Higa un entrañable amigo fallecido tempranamente y yo. Esto debe haber sucedido en 1973 y aproximadamente en 1976 alcancé el 2º Dan. Ya me había radicado en la provincia de La Pampa y dictaba clases en el Club Estudiantes de esa ciudad.
Junto a Susumu y otro compañero, también okinawense, planeamos hacer un viaje a Japón para tomar clases en el doyo del Maestro Katsuya Miyahira. Esto fue en 1976, cuando un golpe militar derrocó a la presidenta Isabel Perón, provocando un descalabro en la economía, que disparó el precio del dólar. Mis amigos japoneses se echaron atrás y emprendí el viaje solo. 
Es una de las experiencias que recuerdo agradecido. Viví en una pensión (ryokan) en el barrio de Tsuboya, en la ciudad de Naha, capital de Okinawa durante más de dos meses, tomando clases de uno de los más importantes Maestros contemporáneos; Katsuya Miyahira, quien falleció en 2010 a muy avanzada edad, ostentando el máximo grado de karate, 10º Dan.
Era un ser humano de gran humildad y preocupado por los problemas que mi vida en un medio tan extraño a mi cultura pudieran provocar. Me consiguió el alojamiento, me acompañó a comprar mi karategui y gracias a su compañía, en la tienda de deportes me obsequiaron un hermoso cinturón negro. 
La noche que me presenté en su casa, me recibió junto a su esposa y Seikichi Iha, su ayudante. Luego de las presentaciones y la entrega de las cartas de recomendación que yo llevaba, pregunté cual iba a ser el costo de mis clases, lo que le provocó una reacción negativa inesperada. Seikichi, apoyó su mano en mi hombro, indicándome silencio y creo (o imagino), explicó mejor mi pregunta. Miyahira tomó papel y lápiz y escribió; 300 yenes, una suma irrisoria o simbólica.

Los sábados por la tarde, Miyahira me daba clases en solitario durante un par de horas y faltando poco tiempo para mi partida, escribió mi nombre en la pizarra y "2º Dan", que era mi grado, luego tachó el 2º y escribió 3º... Fue para mi, algo absolutamente impensado y mi ego tuvo que dormir con medio cuerpo afuera porque no entraba entero...

En muchas de las artes marciales japonesas se observa la palabra DO; yudo, aikido, kendo y también karate-do. Esta partícula DO significa camino. El ideograma YU significa "vencer cediendo", AIKI, energía del espíritu, KEN, espada y ya dijimos que karate se traduce como mano vacía, por lo tanto, en nuestro caso se trata del "camino de la mano vacía". Este camino aparece cuando la práctica de la disciplina cambia el objetivo externo a vencer y se convierte en herramienta de superación personal. El enemigo está dentro nuestro. 

Después de este viaje y la experiencia que supuso, me interesé por las cuestiones internas o si se quiere filosóficas del karate y fui abandonando paulatinamente la práctica y la enseñanza.
No obstante, de tanto en tanto trato de recordar algún kata (forma) y me invade el deseo de volver a pisar un tatami... 
El viajero que hoy rueda en bicicleta, es el resultado de múltiples experiencias y circunstancias y cree que la meta es el camino.
Otra pieza para entender este "rompecabezas"
Esta foto fue tomada en el Club Atlético Huracán y puede ser del año 1967 0 1968. Estoy junto al Maestro Satoshi Takemura, en ese momento 4º Dan. Actualmente se encuentra radicado nuevamente en Japón.
A finales de 1977 visitó Argentina el responsable de la Escuela en Sudamérica. La Asociación Okinawense de Argentina y las escuelas de karate, realizaron una maratónica exhibición, con la participación de más de un centenar de karatekas. Esta foto fue tomada en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. De izq. a derecha; Susumu Higa 2º Dan, el visitante Yoshihide Shinzato, 8º dan, Satoshi Takemura 5º Dan y Raúl Suárez 3º Dan.

El 22 de enero de 1977, durante mi estadía en Japón, se efectuó una cena de la Asociación Shorin-ryu Kobayashi Shidokan. En la 1º fila de izquierda a derecha; Yoshio Okawa,6º Dan, desconozco el nombre del siguiente, Kasei Shimabukuru, 7º Dan, el cuarto era un invitado especial pero no karateka, Katsuya Miyahira 9º Dan, Takeshi Miyagui 7º Dan, Raúl Sárez 3º Dan y Seikichi Iha 6º Dan. Las graduaciones corresponden a esa fecha.



martes, 14 de enero de 2014

Blog excelente


Les recomiendo entren a este blog de un par de cicloturistas españoles. Muy buenas fotos y un relato ameno 

http://coleccionandoatardeceres.blogspot.com.es/

lunes, 30 de diciembre de 2013

Aprontes......

Es notable como el hábito nos relaja.
Mi primer viaje en bici totalizaba 1700 kms y dedique casi un año a su preparación, en el que las salidas de entrenamiento llegaron a ser hasta tres por semana y de entre 60 y 130 kms por jornada. Este nuevo desafío va a superar los 4000 kms y casi no he usado la bici. El frío, la lluvia, el viento o el índice Nikei fueron las excusas para quedarme en casa.
También es distinta la expectativa respecto al viaje en sí mismo. Voy más relajado y con la intención de no atarme a una ruta y cambiarla si los acontecimientos lo ameritan. Quisiera no tener una fecha fija de regreso, no para solo poder prolongarlo si fuera necesario, sino también para abreviarlo aunque esta posibilidad me resulte remota.
He releído algunos de los blogs que sigo y en los que los bici viajeros transitaron por rutas similares a las que haré. He tenido la oportunidad de hablar telefónicamente con Nando Padrós y Salva Rodriguez, que llevan muchos años recorriendo el planeta y de manera breve y clara me aportaron datos importantes. La geografía uruguaya y del estado brasileño de Río Grande do Sul la he recorrido en mapas y fotos y tengo la certeza de que disfrutaré en esas tierras. Paraguay, de acuerdo a Jorge Biciviajero, es el país de América con la gente más alegre y feliz y pienso que conocemos muy poco de su paisaje y su gente... lo cruzaré con pereza.
Argentina es estar en casa... deseo el reencuentro con gente amiga, inclusive después de finalizar el pedaleo.
En 25 días estaré partiendo de Madrid y esta vez con una actitud distinta a la de tantos viajes anteriores, donde la visita a la familia era el motivo excluyente. Los hijos y nietos serán la guinda del postre. Ya tengo audiencia para narrar la aventura recién finalizada.

Termino un año en el que el disfrute ha ocupado más espacio que el trabajo y nada se vino al suelo ni dejó de funcionar (habrá que profundizar esta actitud...). Rodar por Marruecos fue una experiencia enriquecedora, destructora de prejuicios necios. La "pequeña" rodada por Navarra, Guipuzcua y Francia incorporó la experiencia de dormir fuera de campings y hoteles, apelando a la buena voluntad de los vecinos de pequeños pueblos. He consolidado la idea de que en el Mundo la gente es básicamente buena y seguí rompiendo ataduras para vivir mi libertad.
En año que ya comienza tiene un desafío que es un premio en sí mismo. Lo compartiré con ustedes en este sitio.
Tengan un año nuevo con Paz y salud y recuerden que la fiesta está ahí afuera, no se la pierdan....

Abrazos, achuchones, besos y carantoñas

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Eugenio - fin del viaje y regreso

Esta es la última entrega del viaje que hace 50 años, mi amigo Eugenio Pérez, su hermano Fernando y dos amigos iniciaran en Buenos Aires, utilizando un viejo coche Ford A 1930, para llegar a Detroit, EEUU y regresar. Las rutas de las tres Américas no eran las actuales, tampoco los medios de comunicación. Todo nació después de un viaje en moto y la visión del océano Atlántico. Había algo nuevo más allá de las fronteras de lo cotidiano y era posible traspasarlas. Planificación minuciosa, obtención de los fondos necesarios y una inquebrantable voluntad como motor fundamental lo hicieron realidad.
Para conocer a las personas hay que ver sus obras y acciones. El relato que fuimos desgranando hasta aquí les permitirá conocer al "Gallego" Pérez.
Le agradezco el haber aceptado mi invitación a volcar en un teclado lo que tantas veces hablamos y tolerar mis "retoques" a sus narraciones.
Se vá la última ....


"En casa de la familia Alvira pasamos dos meses inolvidables.

Nuestros planes eran estar cuanto mucho una semana con ellos, pero siempre lo imprevisto hace su aparición. Pat, la esposa de Fred enfermó y  fue necesaria una operación de urgencia.
Nosotros espontáneamente nos ofrecimos como dadores de sangre y de manera no esperada obtuvimos un rédito generado por esa actitud. La repercusión fue muy importante entre sus amigos y familiares. Nos llovieron invitaciones y agasajos.
Como Fred debía trabajar, nos hicimos cargo de la casa y de sus cuatro hijos. Para que nos pudiéramos desenvolver con nuestras tareas, Fred compró una Chevrolet modelo 1956, la que revendería después de nuestra partida.
Cruzando la calle había un campo de deportes y ahí nos dedicábamos a practicar y enseñar futbol a una larga lista de amigos, que a su vez nos retribuían llevándonos a las piscinas universitarias, donde ellos nos enseñaban a nosotros a jugar waterpolo. También íbamos los fines de semana a los lagos cercanos,  donde aprendimos a bucear con tanque de oxigeno y a practicar esquí acuático. Hicimos varias visitas a Canadá. El broche de oro, fue la aparición de ofertas de trabajo.


Con Pat recuperada y de vuelta en casa, nosotros pensábamos que debíamos marcharnos, pero los Alvira ya nos trataban como familiares e insistían en que debíamos atender las ofertas de trabajo para reunir unos buenos dólares para el regreso. Eran magníficos tiempos económicos en los EEUU y se ganaban cifras que hoy son inimaginables; trabajábamos por nuestra cuenta como pintores y nunca ganábamos menos de u$s 5 la hora. Con esa hora de trabajo comprábamos 100 litros de gasolina o cinco neumáticos y con lo recaudado en una semana podíamos comprar un automóvil con cuatro años de uso.

Ver hoy el estado en que se encuentra la otrora poderosa y pujante ciudad del automóvil, es un reflejo de este mundo tan cambiante que nos tubo como testigos.

La segunda guerra mundial había terminado no hacía mucho y EEUU, por estar muy lejos del teatro de operaciones, había emergido como el gran ganador y muchas de las  transformaciones sociales que dejo la conflagración, se estaban llevando a cabo sobre todo en cuanto a igualdad de sexos y libertades sexuales, cosa que nos sorprendía, al provenir nosotros de una sociedad conservadora y oscurantista. Poco antes de nuestra partida de Argentina, se había estrenado en Buenos Aires una película en la que aparecían los pechos desnudos de una mujer…. Escándalo y censura.

Otra experiencia referida a estos cambios y libertades la tuvimos una noche, al regresar nuestros anfitriones de una fiesta. Volvieron a la casa con otros matrimonios a beber algunas copas y hacerles conocer a los raidistas argentinos. Llevábamos varias horas durmiendo y debimos levantarnos para las presentaciones, llamándome la atención dos hombres que lucían uniforme militar cuando esto en Argentina era generador de desprecio. Las mujeres, algunas pasadas de copas, mostraban un comportamiento desenfadado que nos sorprendió. Esta liberalización de las costumbres, con los años, se profundizó y extendió por el mundo dándonos esta sociedad más igualitaria.
Uno de los uniformados, con la mujer dormida en sus brazos, continuaba  animadamente su charla en el medio del parque, para finalmente y con ayuda, depositar a su esposa en el auto y marcharse… no estábamos acostumbrados a estas situaciones.  

Finalmente en pocas semanas juntamos algún “dinerillo” y comenzó el viaje de regreso. Estábamos a finales del mes de junio.

En cuatro días de marcha forzada, donde cada turno de conducción duraba lo que se tardaba en consumir un depósito de combustible, arribamos a la frontera de México.
En Costa Rica, saliendo en busca de la frontera con Panamá, intensas lluvias había depositado sobre la carretera una gran cantidad de barro y agua. Marchábamos detrás de otro vehículo que imprevistamente se plantó en mitas de la carretera… por esquivarlo terminamos en la cuneta, de la que salimos horas después tras quitar el barro y despegar el auto. Una camioneta, con la publicidad de “MEJORAL” (aspirinas) finalmente nos volvió a terreno firme. Antes de continuar nos dirigíamos al río a bañarnos y una lugareña, sentada en la barandilla de un puente a nuestro paso soltó; “para el dolor de cabeza, lo  mejor es Mejoral”. Reímos a carcajadas mientras ella permanecía imperturbable.

Al llegar a la frontera, una bala calibre 32 por descuido, olvidada en el coche, provoco una minuciosa inspección de la guardia fronteriza panameña y la confiscación del revólver del Tano y la escopeta de mi hermano, mientras yo pude salvar una pequeña pistola Eibar, que no encontraron. Terminamos en un calabozo que fue nuestro hogar durante 24 horas. Fue un día negro.
Al continuar conocimos el canal y visitamos la capital del país donde la avenida 4 de Julio dividía el territorio. Una acera era jurisdicción panameña y la otra pertenecía a la administración de EEUU, rigiendo las leyes del estado de Luisiana.

El dinero ahorrado nos permitió cruzar el Tapon del Darien (Panamá – Colombia), embarcando en una motonave italiana de lujo. En sus salones de baile, restaurantes y piscinas quedaron muchos de los dólares y al desembarcar en el puerto de Buenaventura, Colombia las arcas flaqueaban, para agotarse definitivamente en la ciudad de Guayaquil, Ecuador. Aquí volvimos al oficio de “raidistas”. empezamos nuevamente a trabajar vendiendo rifas de una villa.

En Ecuador y muy próximos a la frontera con Perú, una mañana de calor abrasador, acercándonos a un río, extrañado dije en voz alta; “parece que no estuviera el puente”. La respuesta del Tano fue un alarido “pará que no está!!!”  Mi hermano Fernando logro frenar el coche a cuatro pasos de una caída en vertical de más de cinco metros… un  operario de la empresa que estaba allí trabajando, había retirado el cartel de advertencia. Se tuvieron que aguantar al Tano y su calentura.

A mediados de septiembre estábamos en Antofagasta, Chile, donde embarcamos con el auto en un tren para cruzar los Andes. Ya sobre el vagón, comenzó a postergarse la salida por nieve en la alta montaña. Vivíamos dentro del auto y nos encontrábamos dentro en la playa de maniobras del ferrocarril. Nunca sabíamos dónde íbamos a estar en la noche, pero los amigos maquinistas, avisaban en la puerta la ubicación de nuestro vagón y al regresar por la noche, el sereno nos decía “el hotel de ustedes esta por…..”.
Los amigos ferroviarios nos invitaron a festejar con ellos el 18 de septiembre, Día de la Independencia Chilena, ¡que borrachera!, fue la última de viaje.
El estar parados fue siempre un problema en nuestro viaje y esta no era la excepción. Había gastos y no se avanzaba. Una mañana observé un coche con matrícula argentina en la puerta de un restaurante, averiguar a quien pertenecía fue sencillo. El hombre me informo del paso cordillerano y me dijo además que el “Ingles”, que era el jefe del ferrocarril, conocía toda el área y era la mejor fuente de información. El Ingles nos devolvió el importe de los pasajes y nos informo de los abastecimientos que podríamos hacer, marcando nuestra ruta en mapa a mano alzada y allá fuimos al encuentro de imponente y desolada cordillera. Los esqueletos de vacas indicaban que avanzábamos por el camino correcto (el animal había muerto en algún transporte y había sido  desembarcado) eran los carteles de ruta.
Por la altura es notable la falta de oxígeno y nuestro Ford menguaba sus fuerzas a pesar de tener abiertos los “chiclé” y subiendo una larga cuesta se detuvo a casi un kilómetro de la cumbre. Para alivianar su carga desarmamos los asientos y los retiramos junto a la carga. Alivianado de peso el autito coronó la cuesta y nosotros a hombro en varios viajes subimos lo que aguardaba en la banquina.
En el límite fronterizo, las dependencias chilenas y argentinas estaban desiertas. El primer pueblo argentino es Olacapato, situado a 80 km de la frontera. Hasta ahí llegaba el ferrocarril chileno (trocha angosta) y el arrancaba el argentino (trocha ancha). Estábamos en casa!!!

De mi juventud me quedó este viaje como un gran recuerdo, que además despertó el placer por el conocimiento, fortaleció el culto de la voluntad hasta convertirla en una forma de vida.
Haber podido realizar este sueño le dio sentido al esfuerzo. Muchos sueños se quedan en eso; sueños nada más.