Páginas vistas en total

miércoles, 23 de octubre de 2013

Viaje en el Strong Forest y Centro America

Viaje en el Strong Forest  y Centro America
Una vez finalizado el embarque de los autos, embarcamos los integrantes de los equipos. Eduardo, Martin y nosotros tres. No teníamos idea de cómo iba a ser el viaje por mar hasta Puntarenas, Costa Rica, pero supero ampliamente lo esperado. En primer lugar fuimos alojados en camarotes, con baño privado y mucha agua caliente. Ah, qué bueno !!. Por la tarde, un marinero llamó a la puerta para anunciarnos a qué hora el capitán nos esperaba para cenar… ¡Huija!, seguíamos subiendo. Al entrar al comedor,  nos recibió el maître del capitán, quien nos ubicó en una mesa muy grande, ovalada, con impecable mantel blanco y cubiertos de calidad y en la que entraba un solo plato más.
El capitán,  un vikingo de finos modales, pero solitario. No conozco las escalas jerárquicas en los buque de carga, pero este tío no se sentaba con el resto de la tripulación, al menos durante las 55 horas que duró el viaje hasta Puntarenas. Veníamos de dieta restringida, limitada a frijoles, arroz y pescado, y pasamos a la abundancia. Envidié un poco a las vacas con sus cuatro estómagos. El resto del viaje fue jugar ajedrez, tomar sol y disfrutar de la fauna marina.
A pesar de lo relativamente breve del trayecto, sentí alivio cuando desembarcamos y entendí  un poco más a los marineros. Me imaginé un mes en el mar y me parecía un verdadero aburrimiento.
En Puntarenas, Eduardo decidió seguir inmediatamente hacia el norte ni bien desembarcaron su auto. Nosotros resolvimos quedarnos al menos hasta el otro día.
Visitando los alrededores del puerto, conocimos unas chicas que trabajaban en uno de los tantos bares con habitaciones “reservadas”, frecuentado exclusivamente por marineros. Amablemente nos invitaron con cervezas, y a diferencia de otras aproximaciones de mujeres, tan frecuentes en zonas portuarias, ellas se mostraban desinteresadas y francas. Aceptamos gustosos y  cuando ya nos estábamos yendo a buscar alojamiento, nos invitaron a quedarnos con ellas. La única condición era que debíamos esperar a que terminaran su jornada. Aceptamos, quedándonos en el bar, tomando cervezas y observando el comportamiento y las excentricidades de los marineros, que invariablemente terminaban su diversión totalmente borrachos.
Como a las tres o cuatro de la madrugada, nuestras anfitrionas finalizaron su trabajo y nos retiramos a sus habitaciones. La mujer con la que compartí dormitorio, se quejaba  del mal trato que recibían de sus clientes. Finalmente el cansancio la venció y se durmió. Si alguien esperaba otro final, lamento defraudarlo. La mano cordial y desinteresada, una vez más, apareció desde donde menos lo esperábamos. Buena gente las chicas del puerto.
A la mañana siguiente, desayunamos con las chicas, y como estaban limpiando el bar nos fuimos a bailar a la vereda. Deberían de ser las 10 de la mañana, cuando nos despedimos de estas amigas, que tanta generosidad nos brindaran. Prometimos volver.
 Pusimos rumbo al sur, pues San José queda unos 150 km en esa dirección.
En la ciudad, hice en la embajada de EEUU, el ensayo final para obtener la visa, que conseguimos felizmente en Managua, Nicaragua.
En el consulado de EEUU en Managua, nos presentamos  a llenar la solicitud de visa. Calmaba nuestra ansiedad, el ver que todo el papeleo seguía el procedimiento por nosotros ya estudiado, hasta que llegó el momento en que nos informaron, que tenían que hacer el pedido de antecedentes penales a Buenos Aires y ahí fue donde pusimos nuestro plan en desarrollo. Expresamos sorpresa en primer lugar, luego alguna muestra de contrariedad, y por último jugamos nuestra carta; “Señorita, esto va a demorar demasiado, por lo que quisiéramos hacer el trámite mediante telegrama urgente. Para esto vamos a adelantar el dinero que el consulado  disponga a efectos de sufragar gastos”.
La sacamos del libreto… no sabía que decirnos, mientras yo la seguía empujando;
“diga usted, 100, 200 dólares?” Turbada, balbuceo algo así como ;“espere un momento señor, y lo fue a buscar AL CONSUL !!. Aparece el gringo, muy cordial y respetuoso. Luego de los saludos, nos preguntó en qué auto viajábamos, en un Ford, fue la respuesta, omitiendo especificar el modelo. ¿Cómo se financian ustedes?, preguntó. “Periódicamente nos giran dinero nuestros padres”. Pero ahora, ¿Cuánto dinero tienen? Ya esperaba esa pregunta y con cara de poker respondí ,”bueno, ahora aproximadamente 2000 dólares”, mientras hacía llevaba la mano al bolsillo para mostrar el dinero. Esto, dentro de un edificio público americano, puede significar soborno, y por otra parte la visa era gratuita.”No señor, no hace falta”, dijo el cónsul, acompañando sus palabras con el gesto de detener mi acción. En mi bolsillo había preparado un fajo de billetes, con dólares en su parte visible. No hizo falta.
Nos pidieron que regresáramos al día siguiente y ahí dispusimos de nuestra visa de entrada a los Estados Juntitos. Esto lo celebramos como un gran paso, necesario para concluir nuestro viaje.

Años después, un terremoto destruyó Managua y el edificio de la embajada americana matando al embajador de los EEUU.
En esta ciudad vivimos una anécdota curiosa,  pues salió el Ford fotografiado en el diario, pero por su cuenta. Nosotros estábamos en un bar, frente a un periódico de Managua, cuando una intensa humareda cubrió la ciudad. Seguramente el fotógrafo del periódico se asomó por la ventana, saco la foto y estaba nuestra máquina.

Otra cosa que recuerdo, es que un bombero, con el que había entablado cierta confianza, me dijo una tarde; ”Esta noche habla Fidel”. Yo no tenía ni idea de que las transmisiones de radio Habana se escuchaban en Managua, pero claro, había que ser muy discretos . A la noche y por primera vez para mi, escuché a Fidel dando un discurso en una universidad. No recuerdo cuanto duró. Primero me engancho mucho, pero después de dos horas me quedé dormido, cosa que me lamenté al día siguiente.
Estimulados con haber podido salvar el último obstáculo, seguimos hacia el norte. Honduras la pasamos en un rato y no nos desviamos hacia su capital Tegucigalpa. En el Salvador ya conté que al rajarse la tapa de cilindros, nos obligó a estar una semana en esa. Guatemala tiene una frondosa vegetación y mucho camino de subidas y bajadas por las costillas de los Andes. Bellísimos pueblos que aparecen en la niebla, o se divisan de una altura superior a las nubes. Mucha población indígena, lo mismo que en el sur de México. Ahí la cosa cambia, el continente se ensancha y la ruta te lleva hacia el océano Atlántico, al golfo de México. Este era un océano que conocíamos, pero que no
habíamos visto en nuestro raid, ya que nuestra salida, fue desde Buenos Aires hacia el oeste. El toparnos con las aguas del Atlántico, ameritaba celebrarlo con un buen baño de mar. Estábamos conversando en la playa, cuando alguien que pasaba, menciono nuestro coraje por bañarnos en esas aguas infestadas de tiburones. Estos tres valientes, no solo no volvieron al agua del mar ese día. No lo volvieron a hacer por el resto del viaje.
México se destaca entre los países de habla española, no solo por su tamaño, población y cultura, sino también por el profundo nacionalismo de sus habitantes, muy cordiales y divertidos, pero con algunas diferencias respecto a lo que hasta allí habíamos visto.
Antes de conocernos, nos llamaban invariablemente “gringos”. Cuando aclarábamos que éramos argentinos, muchas veces aparecía la pregunta ¿y cómo es que hablan tan bien español?
Tequila con limón y cerveza más sal, para que no se te pase la “sed”, deleitan  al mejicano. En la gastronomía la clásica alimentación farinácea, pero también con un toque que los diferencia, el picante, que me hacía imposible comer, mientras que  Tano le encantaba,….. son gustos!
Vera Cruz por ser el puerto más próximo a la isla de Cuba, vivía una situación muy diferente, para describirlo, bosquejaré un clásico del cine; “Casablanca”.
Cuatrocientos kms., al oeste de Vera Cruz se encuentra el DF, como les gusta llamar a los mejicanos a su capital. Es una enorme ciudad mediterránea, tal vez la más populosa al sur del Rio Bravo y hasta Tierra del Fuego.
Allí estuvimos algunos días recorriendo y visitando, parte de la gran cultura pre colombina y también departiendo con amigos que daban serenatas a sus amores, algo que solo conocíamos de las letras del tango.
Del DF nos dirigimos al noreste, al estado de Tamaulipas, el más próximo a la frontera con los EEUU, y en la ciudad de Matamoros le dijimos hasta pronto a nuestros pueblos hispano parlantes. Las próximas barreras serían idiomáticas.

Próximo capítulo: USA

No hay comentarios:

Publicar un comentario