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martes, 26 de febrero de 2013

África mía

A fines del siglo diecinueve, las potencias coloniales europeas se reunieron, en Berlín, para repartirse el África.
Fue larga y dura la pelea por el botín colonial, las selvas, los ríos, las montañas, los suelos, los subsuelos, hasta las nuevas fronteras fueron dibujadas y en el día de hoy de 1885 se firmó, en nombre de Dios Todopoderoso, el Acta General.
Los amos europeos tuvieron el buen gusto de no mencionar el oro, los diamantes, el marfil, el petroleo, el caucho, el estaño, el cacao, el café ni el aceite de palma;
prohibieron que la esclavitud fuera llamada por su nombre:
llamaron sociedades filantrópicas a las empresas que proporcionaban carne humana al mercado mundial:
advirtieron que actuaban movidos por el deseo de favorecer el desarrollo del comercio y de la Civilización y, por si hubiera alguna duda, aclararon que actuaban preocupados por aumentar el bienestar moral y material de las poblaciones indígenas.
Así Europa imnventó el nuevo mapa de África.
Ningún africano estuvo, ni de adorno, en esa reunión cumbre.

Eduardo Galeano - Los Hijos de los días

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