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domingo, 5 de febrero de 2017

Uruguay, final de viaje

Y  el final del viaje tenía que llegar. Eso lo sabíamos desde la partida, pero igual fue duro. La sensación del tiempo es extraña. Parecen más días de los reales, quizá por ser tan intensos o por estar nuestras experiencias fuera de la actividad habitual. La prevención hecha a Santiago de que se producirían  encuentros mágicos, se cumplió con creces. La seguridad de que en este encuentro yo saldría ganando, se confirmó. La certeza de que es posible vivir sin tantas presiones, necesidades ficticias y con mayor libertad, fue confirmada. Y, si es que había alguna duda, las diferencias entre los viajeros, no existen y fuimos uno solo. 
Uruguay es un país sin muchos atractivos turísticos. No hay grandes edificios ni antiguos monumentos. La naturaleza ha sido pródiga, pero no espectacular. El punto está en su gente. Es un pueblo llano y sencillo. Amable, hospitalario, tranquilo. Quizá los uruguayos no estén de acuerdo, pero si se midiera el estado de calidad de los países por la felicidad de sus habitantes y no por el PBI, estos charrúas estarían en el tope de la lista. La cultura es palpable y también su implicación en lo político y social. Las desigualdades no son exageradas ni la pobreza humillante. Ya lo he dicho en otras entradas; quiero y admiro a este país. Fue un buen comienzo para este nuevo viajero que es Santiago. 
 
 Estábamos cruzando el puente y le señalé el cartel a Santiago, porque Zitarrosa es uno de mis artistas más queridos y el Comandate me comentó que también era un ídolo de su otro abuelo (El Rafa, que apareció muchas veces en nuestras charlas y al que Santi ama), así que la foto era obligada... cuando reiniciamos la marcha, nos pareció escuchar la voz de Rafa entonando "de una bailanta con acordeón, até la luna con el sol, por una noche no fui peón. Hombre volví y en eso estoy"
 Santiago, durante largos trayectos, se abstraía y cuando en algún descanso conversábamos, expresaba de manera poética, lo que en su cabeza el viaje iba generando..... ya verán parte de la experiencia.
 Nuestra última acampada antes de llegar a Colonia fue en Ecilda Paullier. Este pueblo dispone de un Parque Municipal de entrada gratuita, donde se puede pernoctar y se dispone de techos con mesa y parrilla y también baños. Una vez más dormimos con la posibilidad de contemplar la magia de un cielo tachonado de estrellas.
 En este lugar coincidimos con Catriel y Sol, porteños y estudiantes de orfebrería, que están realizando su primer viaje en bicicleta.
 Ya en Colonia, en el camping conocimos a una familia brasileña que regresaba de un viaje a la Patagonia argentina. Adriano hizo muy buenas migas con Santiago, quien mapa mediante le indicó los lugares de nuestra ruta que podían serles de utilidad.
 La mañana de nuestra partida nos hicimos esta foto. Adriano sueña con hacer un viaje en bici, cosa poco difundida en Brasil.
Al comienzo de nuestro viaje, alguién nos preguntó a que país correspondía la bandera que luce Alaikyn. Esto nos hizo mucha gracia y nos dio pie para bromear al respecto. Finalmente decidimos que es la enseña patria de la República Democrática de Muchigna y en un acto sencillo pero solemne, juramos lealtad a la misma. Quizá Muchigna sea el territorio de los viajes y los sueños y encuentre más ciudadanos que quieran habitar en ella.
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Por las mañanas, en una vieja bicicleta, recorría el camping vendiendo empanadas, este flaco singular. Músico, integrante de una banda y trabajador incansable. Le pedimos unas cuantas para el viaje y se fue hasta su casa a buscarnos un envase que nos permitiera llevarlas sin problemas. Como admiraba el triciclo, se lo prestamos para que fuera en procura de esto. Su alegría era contagiosa.

Y ahora queda un balance. Este tiene aspectos exclusivamente personales y otros a compartir. También Santiago dará su versión.
Al recorrido no le faltó nada para hacerlo absolutamente recordable. Lluvias, frío, calor, cansancio, risas, amigos, amor, recuerdos queridos de quienes están y de quienes se han ido al otro lado del cuadro.

   

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