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martes, 30 de mayo de 2017

Grecia... avanzando a Atenas

Desde las 8 de la mañana, dimos vueltas en Arta, para resolver el tema de la bici de Roberto, pero fue imposible. Nos aconsejaron que llegáramos a Agrinio, así que partí en solitario y el cumpa buscó un bus para llegar allí. Quedamos que nos encontraríamos en la plaza más importante que tuviera la ciudad. Fueron 85 kms de pedal y como siempre, con encuentros gratificantes. En una villa sobre el mar, había una gran cantidad de coches antiguos de placa española. Encontré a los organizadores y charlamos un buen rato. Luego me crucé con una pareja de ciclo turistas de Nueva Zelanda y más tarde con Giorgios, un joven de Agrinio, la ciudad a la que iba, que ese día iniciaba un viaje para recorrer el norte de Grecia.  

 El recorrido se mantiene muy cerca del mar Jónico y la temperatura más alta (después de medio día) alcanza los 28º, pero la brisa marina hace agradable el esfuerzo. Finalmente llegué a la cita. Busqué la plaza céntrica y cerveza mediante esperé la aparición de mi compañero. Finalmente llegó en compañía de Constantin, al que conoció en el bus y del que recibió una inestimable ayuda. Me vi forzado a beber otra cerveza para acompañar a los recién llegados.
 Hace días que espero que Roberto haga una entrada personal al blog. Con fotos de sus días en solitario y también sobre esta jornada que tan feliz lo dejó, por la solidaridad recibida. De todos modos, el taller los lunes no trabaja y deberá quedarse un día más... sigo solo.

 Mientras esperaba en la plaza, entable conversación con un grupo de taxistas... fueron ellos los que empezaron... y con este en particular fue más fácil por su conocimiento del inglés. El comercio que está a  mi espalda, después de verme, me ofreció trabajo como modelo para sus productos.
Hoy al salir de Agrinio, encontré un café abierto y paré a desayunar. Stathis, su propietario se enganchó con el tema de la bici y me invitó con otro café. Ha vivido un par de años en Alemania y montó este negocio, con el que trata de salir adelante, metiendo muchas horas de trabajo. A las 6 de la mañana ya estaba abierto.

 Transité por el cañón erosionado por un río. Las paredes son prácticamente verticales y escuchaba en una de sus laderas, el tintineo de los cencerros. Busqué hasta encontrar las cabras. En la segunda foto pueden ver varias de color negro. Poco después de salir de ese hermoso paisaje, entré en la nueva auto vía que conduce a Atenas. No hay carteles de prohibición de circular en bici y me mandé. Hice unos 10 kms., y de la mano contraria apareció un furgón de la empresa concesionaria, cuyo chofer se esforzaba, en griego, de informarme que debía salir de esa ruta y yo como no entiendo griego y ahí estaba super cómodo, lo saludé y seguí camino. Rodé unos 15 kms., y cuando ya había dado por descontado que nadie me perseguía, me encuentro que 600 mts. adelante tenía un túnel. Los semáforos comenzaron a parpadear en ámbar y otra camioneta se me pegó detrás y esta vez si paré. El joven empleado, con gran esfuerzo me explico la prohibición y llamaba con su teléfono vaya a saber a quien.... 20 minutos después supe a quien. A la policía. Muy amablemente me explicaron que era por mi seguridad, cargaron máquina y piloto en el furgón y ahí fuimos... los dos agentes del  orden y un servidor. Yo con la cabeza metida entre chofer y copiloto, tratando de descifrar de que hablaban y percibí amabilidad e intención de ayudarme. Hicieron 37 kms., hasta el puerto de Patra, me depositaron en el ferry y nos despedimos con sendos abrazos. Que tal?
Aquí mis nuevos amigos, de los que recuerdo los nombres. Gracias

 También es posible cruzar por este puente, pero es de peaje y el transbordador gratuito.

 Antes de la una, llegué a este restaurante, con inmejorables vistas sobre el mar. Pedí una ración de sardinas asadas, ensalada griega y unos vecinos de mesa, me indicaron que ellos me invitaban el vino y me mandaron una jarra de excelente vino blanco de la región. Esperaron a que terminada de comer y me invitaron a su mesa. Charla extensa y divertida, de la que surgieron invitaciones a quedarme unos días en sus casas, intercambio de direcciones y una despedida de emocionados abrazos. Y seguimos bailando la Vida.
   


   Aquí la mesa de amigos, que se reúnen a diario, para comer o solo para un café. Los griegos son gritones y divertidos y encuentro en ellos muchas conductas con las que me identifico.
Roberto me informó que está resuelta la rotura de La Morocha y mañana nos reencontraremos. 
Y queda poco de pedaleo. Dos jornadas y estaré en Atenas. Seguramente me tomaré un par de días para visitar la zona de Korinthos...... según mis nuevos amigos, es de obligatoriedad.

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