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martes, 23 de mayo de 2017

Podgorica - Tirana, Albania

La salida de la ciudad de Podgorica fue rápida, ya que a las 5:30 hay poca gente en las calles y ubiqué fácilmente la ruta. En los primeros kilómetros me adelantaron varios vehículos con animales o verduras y es que en las afueras se ubica un mercado, donde los pequeños productores llevan desde una vaca a dos cerdos o algunas bolsas de papas. 
El terreno es plano y lo enmarcan montañas cercanas. En la frontera se produce un cambio evidente, que denota que Albania tiene un nivel económico inferior a Montenegro. Desorden, edificios derruidos y bastante suciedad. Las casas se ubican a todo lo largo de la carretera y obviamente con mayor concentración en los pueblos. 
La mitad de los 3 millones de habitantes de Albania vive en el medio rural y en Tirana, la capital 1 millón. Rodé a una media de 20 kms horarios y así llegué a Shkodër  donde entré a un bar en busca de desayuno. El camarero no entendía mi pedido y un policía desde una mesa ayudó traduciendo y me invitó a compartir. Aproveché la ocasión para solicitarle información sobre rutas, pendientes y todo lo que pudiera ayudarme a moverme mejor en este nuevo país. Mapa mediante, acumulé valiosos datos y al despedirnos, me dijo que mi consumisión estaba pagada. Empezaba bien Albania....   
Últimos kilómetros en Montenegro


Ya en Albania. Al fondo montañas de Montenegro


Las montañas están siempre presentes en este país, pero los 160 kms recorridos hasta Tirana, fueron en el llano. 
Debo decir que los conductores, en un porcentaje alto, muestran una forma de conducción temeraria e irrespetuosa para los demás ocupantes de la ruta. También se ven más Mercedes Benz que en Alemania, algunos nuevos y otros de modelos de 15 o más años 
Se observan casas  pretendidamente fastuosas, sobrecargadas de ornamentación. Entiendo que sus dueños son inmigrantes que han hecho fortuna en Alemania, Suiza o Italia. Este último país está muy presente, desde cuestiones históricas a comerciales y también por la cercanía geográfica, que ha facilitado la inmigración albanesa.

Las fotos con el mapa, fueron "producidas" por Luli, que así se llama el simpático policía.
Más tarde, en el restaurante donde paré a comer, la joven camarera se quedó enganchada con mi bicicleta y sacó varias fotos de ella. También me permitieron dormir mi siesta reglamentaria, ocupándose de que me sintiera cómodo.

Arriba la foto de una fortaleza que encontré al cruzar un pueblo y la foto con el cartel informativo.
Otra fortaleza.
De acuerdo a lo leído y a lo visto, la gran mayoría de los agricultores no tiene excedentes en su producción,
que les permita crecer económicamente, siendo una actividad de subsistencia. Los métodos de trabajo son primitivos. No saqué fotos de muchas cosas por considerarlo una falta de respeto a las personas. 
Seguí después de la comida y el descanso (ya tenía hechos 90 kms) y paré cuando acumulé 115 kms y una tormenta amenazaba con darme un baño. 
Vi el hotel - restaurante y encaré la terraza, donde un camarero me miraba risueño. Rápidamente surgió un diálogo chispeante y arreglamos tarifa. Cuando comencé a bajar mi equipaje, Roberto, que así se llama el joven, venía detrás mio con la bicicleta en sus brazos y subió las escaleras hasta depositarla dentro de la habitación. Luego, mientras cenaba, tuvimos una charla sobre la situación económica de su país, de la que participaron los parroquianos de una mesa vecina.

Roberto, por ocho horas de trabajo, cobra el equivalente a 3,50 euros y los precios, siendo ligeramente más bajos que en España, hacen muy difícil vivir a la población.


La entrada a Tirana fue caótica. No logró desestabilizarme porque sabía esto, pero es realmente un manicomio. Nadie respeta nada y en un cruce de avenidas, camiones, coches, motos, bicicletas y peatones "combaten" por seguir su camino. Pero siempre se encuentra gente dispuesta a ayudar y así fue como llegué a una pensión, donde la encantadora Antonella me alquiló un departamento cómodo y centricamente ubicado, desde el que saldré a recorrer la ciudad, para luego contarles algo de ella.

Los días rodados junto a Roberto (el mendocino) fueron excelentes y su compañía sirvió para charlar y para resolver algunos de los problemas que plantea el viaje, pero también para aislarme un tanto del paisanaje, cosa que recuperé en estas dos jornadas rodando en solitario. 
Vuelvo por aquí en un par de días. Dejen sus comentarios, que siempre son estimulantes. 

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