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sábado, 31 de agosto de 2013

Arranca el viaje... 7-10-1962

Una vez más se confirma mi convicción; “El hombre es lo que piensa”, y como el pensamiento que generó el viaje se mantuvo firme, constante y sin fisuras, mi amigo y sus acompañantes fueron construyendo con “casualidades” provocadas, los cimientos para lanzarse a la aventura.
Hoy es mayor el número de personas que se lanza a recorrer mundo de manera no convencional, pero estamos hablando de algo que ocurrió hace más de cincuenta años. Los hijos de Eugenio duplican la edad que él tenía cuando soñó y realizó su viaje.
En pocas líneas, estamos conociendo algo que se extendió durante veinte meses, y no incluimos los dos años de gestación.
Hagamos el ejercicio de sentir que este es nuestro viaje, y carguémoslo de todas las emociones, dudas, ansiedades y expectativas que sin duda nos abrumarían.
La planificación de un viaje en bicicleta, de unos 1200 kms., de extensión y veinte días de duración, me lleva meses. Solo el tema alimentación es una historia independiente… pero dejemos a Eugenio que nos cuente como fue el comienzo:     

“El 7 de octubre de 1962,  al medio día, el sueño se convirtió en realidad, arrancamos!!
Una caravana entusiasta de  familiares, amigos y colaboradores nos acompañó durante los primeros 60 kms. A partir de ese instante, éramos solo nosotros cuatro.
Ahí comenzaba la historia que me dejó los mejores recuerdos de mi juventud.
El rodar por la verde, plana y rica pampa bonaerense, que tanta admiración provoca en los extranjeros,  nos era un paisaje familiar. Nosotros soñábamos con conocer las montañas mendocinas y cruzar la cordillera de los Andes por el Paso de las Cuevas…
Teníamos que aprender a vivir de otra manera y entre esas nuevas pautas a cumplir, la mayor exigencia era exprimir al máximo los recursos económicos. Los compañeros me otorgaron la responsabilidad de administrar los 900 dólares que constituían el capital con que nos lanzábamos al camino.
La primer parada fue en la ciudad de Pergamino, los que conocen, saben que a Mendoza se va por la ruta 7, vía Villa Mercedes, pero un pariente de Jópele vivía en Pergamino y habíamos decidido pernoctar allí en nuestro primer día de viaje.
En la mañana del segundo día, y antes de abandonar la ciudad de Pergamino, visitamos el diario local, para lo que fue nuestro primer reportaje, para después armado de coraje, dirigirme a la empresa textil Annán de Pergamino, que en esos momentos tenía una fuerte presencia en el mercado nacional. Antonio Annán, su presidente, me recibió gentilmente y después de contarle nuestro viaje, café mediante, donó 500 pesos !!!… era un montón de guita… con eso cubríamos los gastos desde la salida hasta la ciudad de Mendoza y conservábamos la totalidad de nuestros fondos.
Antes de arribar a Mendoza, dormimos en los calabozos de la comisaría de Villa Mercedes, en la provincia de San Luis y no por haber cometido delito… fue por la hospitalidad de los funcionarios.
Mientras nos acercábamos a Mendoza, planeábamos como manejarnos en una ciudad en la que no conocíamos a nadie. Jólepe y Fernando sugirieron que deberíamos parar nuestro coche frente a algún centro comercial importante.
Fue un golazo!! Se empezaron a juntar curiosos. Alguien llamo al canal de TV y al rato estábamos en la tele. Contamos que buscábamos donde alojarnos y rápidamente se resolvió todo. Un televidente contactó con el cuartel de bomberos y nos ofrecieron cobijo. Llegamos a la hora de la cena y en salón comedor nos esperaba una treintena de bomberos que había seguido nuestro reportaje en la tele. El cocinero nos estaba preparando una mesa, y con menú especial ¡hasta vino había!
Al finalizar la cena, apareció el jefe, Comisario Hernández, quien nos dio una especial bienvenida. 
Nevadas tardías en la cordillera mantenían los pasos cerrados y nos quedamos tres semanas en el cuartel. Estábamos de primera, teníamos de todo y el Ford, en el patio del cuartel,  se había convertido en el auto fantasma. Se movía de noche solo  y se detenía por unos minutos frente al surtidor de gasolina. Y puedo asegurar que sin nuestra participación.
El futbol, que nosotros jugábamos desde niños en los potreros, fue una llave que también nos abrió muchas puertas. Éramos buenos en eso y existía una marcada diferencia de calidad. Jugamos en todos lados y nos aportó muchos beneficios.
En el primer día en el cuartel de Mendoza nos invitaron  a un “picado”, Antonio y yo, participamos y de cómo jugamos, resultó que nos invitaran a formar parte del equipo del cuartel. Ellos tenían un partido  con el Regimiento de Montaña 8, con el que había mucha rivalidad. Provistos de “documentos truchos”, pasamos a ser parte del personal del cuerpo de bomberos.
Ganamos 3 a 2, con un primer gol de Antonio y mío fue el de la victoria. Imagínense la alegría de los bomberos. Días después, el jefe nos convocó a su oficina para ofrecernos jugar en la provincia de San Luis y con viaje en avión!!.  , como esto nos obligaba a postergar nuestra partida a Chile, lo rechazamos.
Que lindo la pasamos en Mendoza !!!
Cuando sonaba la sirena de alarma, empezamos a pedir permiso para integrar la dotación y así fue que una noche, salimos para un incendio. Mi hermano se quedó en el cuartel, pero poco después, otro incendio en la Bodega Arizu, requería la asistencia de bomberos. El segundo chofer había salido a llevar al jefe a su casa y no había quien condujera para la emergencia. Fernando se ofreció y después muy orgulloso,  mostraba una copia del libro de guardia, donde decía que; “la autobomba que acudió al siniestro de la bodega Arizu, fue conducida por el chofer  raidista Fernando Pérez.”
Pasó de todo en esa bella Mendoza. La gente muy cálida y hospitalaria nos acercaba invitaciones para cenar. Desde un bife con pan y vino, en un humilde rancho, hasta cenas con altas autoridades políticas, donde los camareros de guante blanco nos servían vino en copas de cogote largo.
Dentro del cuartel, el oficial Puertas, gozaba de un enorme prestigio entre el personal. Era una leyenda. Entre sus hazañas, se destacaba el haberse jugado en solitario, para rescatar a un grupo de bomberos, aislados por un alud en la alta cordillera, a los que trajo de regreso. Entre los bomberos,  que tanto dependen del compañero, este gesto lo diferenciaba positivamente. Este hombre, cuando estaba de guardia al mando del cuartel, organizaba partidos de futbol para romper el aburrimiento… a las 2 o 3 de la madrugada. Yo lo insultaba hasta en arameo, pero terminaba dándome vuelta la cama para que me levante. Un héroe, pero bastante hincha pelotas.

De la tierra menduca podría escribir una semana, pero hay que seguir. Tenemos que cruzar la cordillera. Chile nos espera."

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