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lunes, 22 de julio de 2013

Altos de Monrrepos, 22-07-2013

La mañana estaba soleada, sin nubes y la temperatura agradable, así que después de un desayuno copioso y tranquilo, salí con la intención de coronar el puerto de Monrrepos y bajar al valle de San Vicente y cerrar el círculo volviendo a casa desde Caldearenas. Fueron un total de 44 kilómetros hechos con tranquilidad y tiempo para las fotos.

Apenas saliendo de casa a 730 msnm, hay que subir por la Nacional 330 y a escasos 700 metros paré a sacar estas fotos. Atrás el Pirineo nevado todavía en julio. En la foto inferior los campos del Castillo de Lerés.

A unos cinco kilómetros, dejo la Nacional y girando a la derecha, subo por la antigua ruta 136 (foto superior). Los primeros 100 metros son de piedra y con carteles que limitan la circulación. (foto inferior)

A medida que sube, la vieja carretera se va alejando del ruido del tráfico y se rueda disfrutando del silencio y las vistas. En la foto inferior, el valle donde vivo y al fondo el Pirineo.

Después de pedalear unos 11 kilómetros, llegamos a las ruinas de Escusaguas a 1070 msnm. De un lado de la carretera, se encuentran los restos de varias viviendas y sobre la izquierda, en un promotorio, las ruinas de la antigua iglesia. Nunca había entrado y hoy lo hice. Las cinco fotos inferiores son de Escusaguas





La vieja carretera nos lleva después de unos tres kilómetros, nuevamente a la Nacional 330, donde existe un mirador (foto superior) y finalmente, habiendo recorrido 14,5 kms., estamos en el Alto de Monrepos a 1280 msnm.

Vuelta atrás para descender rápidamente a San Vicente, pequeño pueblo en el valle con su iglesia de San Bartolomé del Siglo XII

Llegada a Aquilué, donde hace unos años atrás, mi nieto Santiago se dio un golpazo con la bici, al extremo de romper el casco. Abajo la fuente del pueblo donde se "recompuso"..... te acordás Santi ???

 Saliendo de Aquilué un campo de trigo recién cosechado..... abajo la estación de FFCC de Caldearenas

 Sobre la carretera la iglesia de Latre Siglo XI, la visitamos hace unos años con la tía Nelly.
En este galpón sin ventanas, un gallo, ciego de la luz del mediodía, cantaba su kikirikí a un amanecer que imaginaba.
Solo restaban unos 10 kms., para llegar al punto de partida.


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