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lunes, 29 de abril de 2013

Experiencia marroquí

Cualquier viaje es enriquecedor, pero si uno se sumerge en una cultura que guarda marcadas diferencias con la propia, esto se potencia.
Existe mucha información sobre Marruecos en las guías de viaje o en Internet y generalmente hacen hincapié en que se debe estar alerta ante conductas que lindan con el delito de parte de los marroquíes  Después de 20 días recorriendo mas de 2000 kilómetros de su geografía, 1200 en bicicleta y el resto en autobús, puedo asegurar que es un país seguro, con muy bajo índice de delito y marcada preocupación por proteger al turista. Obviamente son necesarias determinadas prevenciones, pero no mayores o diferentes a las que debemos tener si transitamos por Roma, Buenos Aires o Plaza del Sol en Madrid.
Lamentablemente, asociamos pobreza con delito y si bien quien nada tiene y necesita subsistir ve en el turista a un rico (razón no le falta) del que puede obtener beneficio, también puedo asegurar por mi experiencia, que los pueblos pobres son los mas abiertos y generosos y brindan su casa y su escaso alimento al viajero, sin esperar nada a cambio. Los ricos, como tienen que cuidar siempre, se cierran y desconfían....
Solo por sentarme a la sombra de una palmera a la entrada de un pueblo, se acercó gente a ofrecerme comida y agua. Un joven me alcanzó mi Kindle, olvidado en un ciber de la medina de Fes. Pagué sin darme cuenta 20 dirhams de mas y me los llevaron a la mesa 5 minutos después. Alí, a quien conocí en un bar de Chefchaouen, dedicó su mañana libre a hacerme conocer la medina e invitarme a su casa a comer, sin aceptar ningún tipo de compensación. Kader en Rabat, me llevó en su coche a comprar un pasaje, resolvió el transporte de la bici y me llevó a su casa a conocer a su familia, terminando todo esto en una cena.
Lo mejor de los viajes en bici, es la cercanía con la gente y la gente común es en todos lados básicamente buena. Los malos, generalmente nos gobiernan...
Como datos "estadísticos"  diré que; al regresar de un viaje a Brasil, el taxista que me llevó desde el aeropuerto a un hotel de Buenos Aires, intentó enredarme con un billete falso de 50 dólares, que según el yo le había dado.
En la frontera de Chile - Perú me robaron al cambiar dinero y lo mismo me sucedió en Quito.
El año pasado, en mi viaje en bici a Alemania, me robaron en carro en la ciudad de Valence, Francia.
El sábado en Tanger, un "amigo" me ayudó a gestionar el pasaje del barco y pagué el doble.
Si averiguamos sobre las poblaciones carcelarias de cada país, nos sorprenderá saber que son mayoritariamente "autóctonos".... o sea que todos los países tienen delito.
Como prevención a considerar, solo indico que no se debe hacer caso de los amigos que surgirán en las ciudades dispuestos a "ayudarnos" para conseguir hotel, autobús o cualquier tipo de producto o servicio,  ya que implica el plus de una comisión que encarecerá innecesariamente el gasto. Un amable "no, gracias" es suficiente para desprenderse de los, a veces demasiado pesados "amigos".
En lo personal, detesto el regateo, pero es parte de la cultura africana y las reglas son básicas. No mostrar demasiado interés por lo que de verdad deseamos, ofrecer inicialmente un tercio de lo que nos piden y usando la paciencia y las artes sicologicas de las que seamos capaces, terminar cerrando el trato por un 50/60 % del valor que nos pidieron inicialmente. 

Agradezco los comentarios y el haberse interesado en este blog.
Seguramente en los próximos días volcaré algunas fotos mas o vivencias del viaje

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