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viernes, 7 de febrero de 2014

Cosecha

El sol ardía en el cénit.
Con la espalda encorvada y la sal del sudor en los labios Natividad cosechaba.
Había que juntar muchas mazorcas. La mujer y los tres hijos eran el compromiso.
La escarcha helaba los pies apenas cubiertos por las alpargatas y Natividad recorría una y otra vez el breve trecho entre la estiba y la chata. De ida agil y liviano, de regreso con la bolsa de 80 kilos de trigo sobre sus hombros.
En verano y en invierno lo acompañaban las bromas y los dichos con doble intención de los otros peones, que iluminaban sus ojos y ponían sal a esa dura vida.

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