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jueves, 27 de febrero de 2014

Natividad

El abuelo Natividad era un indio abipón. Estos forman parte de la familia lingüística de los guaycurúes junto a los tobas, mocovíes, pilagás, payagúas y mbayas.
Fueron extraordinarios guerreros y se adaptaron fácilmente a los caballos introducidos por los españoles.
Según las crónicas de los misioneros europeos de fines del siglo XVIII, eran bien parecidos, sanos, robustos y de gran estatura (1,80mt los varones). Las mujeres adornaban sus cuerpos con tatuajes.
Tremendamente temerosos de la muerte, cuando alguien moría por enfermedad, corrían en zigzag para que nos alcanzara. Quemaban todas las pertenencias del muerto, inclusive su choza y la mujer e hijos se cambiaban de lugar. Nunca más se lo nombraba.
Mi abuelo nació en la reducción (que feo suena) Abipones, del curato de Sumampa, fundada en 1750, donde se construyó una capilla llamada de la Purísima Concepción.


Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre. Y juntos vivirán y morirán. Pero nacerán nuevamente. Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira.

Dijo el Dios de los indios makiritari. Del Libro de los Abrazos de Eduardo Galeano.  

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